Escrito por Raúl Sáez ·
Vuelves a casa con la tarjeta llena. ¿Y ahora qué?
Lo primero: descárgalas
Siempre que puedas, usa un lector de tarjetas. Si las descargas directamente desde la cámara y la batería se agota a mitad de la copia, podrías perderlas.
Una vez las tengas descargadas, organízalas.

Revisa bien y borra las que no te sirvan. Parece lógico, pero si no te acostumbras a hacerlo, en muy poco tiempo estarás ocupando muchísimo espacio con todo lo que ello implica: llenar el disco duro del ordenador y, detrás, múltiples discos externos.
El revelado
Una vez hecha la selección comienza el revelado, o la edición de imágenes. Aquí podríamos extendernos muchísimo, así que vamos a lo básico.
Las opciones son múltiples y cada fotógrafo tiene la suya: Photoshop, Adobe Camera RAW, Lightroom…

En principio el revelado debería ser sencillo, porque se trata de corregir lo que no hemos podido resolver durante la toma: mejorar el contraste, corregir la exposición o el balance de blancos, ajustar la saturación de los colores…
Lo ideal es que cuando tomes una fotografía, esta se acerque lo máximo posible a la foto que has pensado. Aunque, como sabemos, con programas de edición luego puedes modificar la imagen a tu antojo.
Las copias de seguridad
Al tratarse de imágenes digitales cada vez imprimimos menos y nos conformamos con verlas en pantalla. Eso tiene sus ventajas, pero también el inconveniente de lo fácil que es perderlo todo si un disco duro queda dañado.
Por eso lo ideal es hacer la edición en el propio ordenador y, al menos, mantener una copia de seguridad en un disco duro externo. Si la copia puede ser doble, mejor todavía.
Otra opción es mantener copias en la nube con sistemas como Google Drive, Dropbox o similares. Aunque ahí ya entra en juego el precio del almacenamiento y la confianza que te den esos servicios.
¿Y aquí se acaba todo?
No, claro que no.
Una de las cuestiones más maravillosas de la fotografía es que nunca dejas de aprender. Siempre hay ideas nuevas, límites por romper, o formas de desafiar a la imaginación y a la técnica para lograr esa imagen que tienes en la cabeza.
Ahora toca disfrutar de la cámara y, como decíamos al principio, pensar las fotografías. En nada estarás mirando objetivos nuevos, un flash mejor y unos cuantos accesorios que te permitan seguir avanzando.
¿Hablamos?
Si te has quedado con dudas después de leer la guía, o quieres que le eche un vistazo a lo que estás haciendo, escríbeme y lo vemos.