Aunque todas las cámaras tienen la opción de disparar en blanco y negro, lo habitual es tomar la fotografía en color y hacer el paso a blanco y negro después, en la edición con el ordenador.
Pero para que ese proceso salga bien, primero hay que representar correctamente el color en la imagen.
Y a veces tomas una fotografía y al verla en pantalla los colores no son los que veías en realidad. ¿Por qué ocurre esto? Porque la cámara capta un tono dominante e interpreta de manera errónea los colores.
El balance de blancos
Aquí es donde entra en juego lo que conocemos como balance de blancos: un ajuste que realiza la cámara para mostrar los colores en función del tipo de iluminación que tengamos en la escena.
El ejemplo clásico son las fotografías nocturnas con luz de farolas. Estas imágenes suelen presentar un naranja excesivo que se corrige con un balance de blancos correcto.


Por qué disparar en RAW cambia esto
Todas las cámaras permiten ajustar el balance de blancos en automático, y lo habitual es que acierten. Pero aquí vuelve a aparecer la importancia de disparar en formato RAW, porque esos archivos captan la escena sin perder información.
Si te equivocas con el balance de blancos, en la edición podrás corregir el tono de la imagen sin que esta pierda calidad. En cambio, si disparas en JPG, al cambiar el balance de blancos en la edición perderás calidad en el resultado final.
La combinación que casi nunca falla
Dispara en RAW con el balance de blancos en automático (AWB). Así, en la fase de revelado, si la cámara no ha interpretado bien los colores podrás corregirlo sin problemas.