Escrito por Raúl Sáez ·
El uso de un flash externo es una de las cosas que más asustan cuando estás comenzando en el mundo de la fotografía.
Pero cuando aprendes a controlarlo, la calidad de tus fotos mejora sin discusión, porque dejas de depender en exclusiva de la cantidad de luz que haya en la escena. Pasas a manejar la luz a tu antojo.
Empecemos por lo básico.
Qué es un flash
Es un dispositivo que permite generar luz artificial para iluminar la escena. Hay tres tipos:
- El incorporado en la cámara.
- De mano — en el que nos vamos a centrar.
- De antorcha y flashes de estudio.
Si te estás preguntando por qué necesitas un flash externo si la cámara ya lleva uno incorporado, deja que te lo explique rápido.
Es cierto que el flash incorporado te puede sacar de un apuro, pero está muy limitado en potencia. Además, con él lo más probable es que aparezca el efecto de ojos rojos en tus retratos.
Ese efecto se produce cuando hay poca luz ambiente, lo que provoca que las personas tengan más dilatadas las pupilas —el diafragma de tus ojos—. El destello incide de manera frontal en la parte interna del ojo, rebota en la retina y proyecta el color rojo de los vasos sanguíneos. El flash externo no anula por sí mismo este efecto, pero sí facilita poder evitarlo.
Las partes de un flash de mano
- La antorcha: la parte más importante, situada arriba. Alberga el tubo de destello que emite la descarga de luz blanca.
- La zapata: la pieza metálica de la parte inferior, que permite que flash y cámara se comuniquen.
Si utilizas el flash en modo manual, puedes usar casi cualquier flash con tu cámara. Pero si quieres aprovechar los automatismos del TTL, sí tendrás que buscar uno compatible con tu marca.
La principal ventaja de usar un flash externo es que, además de controlar mejor su potencia y su alcance, puedes separarlo de la cámara mediante un cable o acoplándole un disparador por radiofrecuencia. Eso multiplica las posibilidades de iluminar la escena, sobre todo en retrato.
Accesorios para el flash
Me imagino que te estarás preguntando a qué me refiero con modificadores de luz. Es normal. Se trata de una serie de accesorios que complementan al flash externo y permiten modificar cómo llega la luz a la escena:
- Difusores.
- Paraguas translúcidos.
- Reflectores.
- Snoot.
- Nido de abejas.
Son distintas opciones para que la luz llegue al retratado de una manera muy concreta. Y si combinas el flash con modificadores, el resultado puede llegar a ser bastante similar a lo que obtendrías con flashes de estudio.
Cómo elegir un flash
Uno de los aspectos a tener en cuenta es su potencia, que viene indicada por lo que se conoce como número guía. Nos indica a qué distancia en metros va a llegar la luz en relación a una sensibilidad ISO y un número F determinados.
También deberías fijarte en la velocidad de sincronización: la velocidad máxima a la que puedes disparar para que la cámara sincronice con el flash correctamente. Lo normal es poder disparar con flash hasta 1/250.
Aunque también puedes buscar un flash que sincronice a alta velocidad. Ese modo no lo tienen todos: en lugar de un único destello, el flash emite pequeños destellos de menor potencia para iluminar toda la escena. Así puedes subir la velocidad de obturación hasta 1/1000.
Otro aspecto es decidir si vas a usarlo en automático o en manual. Nuestras cámaras están preparadas para los flashes con modo TTL (Through The Lens): miden a través de la lente la cantidad de luz reflejada y, según esa medición, adaptan la potencia del destello. Si ya controlas algo más los flashes, puedes comprar uno exclusivamente manual, cosa que además abarata el precio.
Cuándo vas a necesitar un flash
En la fotografía de eventos es imprescindible. Y en general, en cualquier fotografía realizada en interiores puede ser necesario, porque a menudo no hay suficiente luz ambiental.
También en fotografía de retrato o de moda uno o varios flashes se vuelven casi obligatorios. A menudo es útil incluso trabajando en exteriores a pleno día, porque te permite resolver situaciones de contraluz.