El triángulo de exposición: diafragma, velocidad e ISO

Ya has visto por separado el diafragma, la velocidad y el ISO. Ahora entra en juego la combinación de los tres: el triángulo de exposición. Suena a algo casi místico, pero es mucho más sencillo de lo que parece.

Diafragma (cuánta luz entra) + Velocidad (cuánto tiempo entra) + ISO (cuánta sensibilidad tiene el sensor)

Las tres variables

Cada una controla una cosa distinta, y cada una tiene un precio. Ese precio es lo que de verdad importa: no existe un ajuste gratis.

VariableQué controlaSi la subesPrecio que pagas
DiafragmaLa cantidad de luz que dejas pasarMás abierto, entra más luzMenos profundidad de campo
VelocidadEl tiempo que el sensor recibe luzMás lenta, entra más luzMás movimiento capturado
ISOLa sensibilidad del sensorMás alto, necesitas menos luzMás ruido en la imagen

La apertura del diafragma

Escala de aperturas de f1,4 a f32 y su efecto en la profundidad de campo
A menor número f, más abierto el diafragma y menos profundidad de campo.

La velocidad de obturación

Escala de velocidades de obturación y su efecto sobre el movimiento
Velocidades lentas dejan estela; velocidades altas congelan la escena.

El ISO

Si has usado alguna vez una cámara analógica, haz memoria: al comprar un carrete debías decidir su sensibilidad —100, 200, 400, 800— en función de dónde ibas a fotografiar. En digital eso desapareció: puedes elegirlo en cada toma.

Escala de ISO 50 a 25600 mostrando cómo aumenta el ruido de la imagen
ISO bajo, imagen limpia. ISO alto, imagen con ruido.

Cómo se relacionan

En función de cómo modifiques cada uno, cambia el resultado final. Y como los tres afectan a la misma cosa —la luz que llega al sensor—, si subes uno tienes que bajar otro para mantener la exposición.

Reglas que no fallan

  • A mayor ISO, más ruido en la imagen.
  • A mayor apertura de diafragma, menor profundidad de campo.
  • A menor velocidad, más movimiento capturas (recuerda la estela).

Comprender esta relación es lo que te permite enfrentarte a los modos manuales sin miedo. No hay que memorizar nada: hay que saber qué estás sacrificando cada vez que mueves un dial.

Y dispara en RAW

Para aprovechar al máximo el sensor, elige el formato RAW. Se le conoce como el negativo digital: crea archivos sin comprimir, a diferencia del JPG. Esa compresión del JPG no es otra cosa que perder información de la fotografía.

Su gran ventaja es que podrás corregir en la edición pequeños errores de la toma, y eso es vital para controlar el resultado final. ¿Todo iba a ser bueno? No: estos archivos hay que revelarlos para poder imprimirlos y verlos en cualquier dispositivo. La extensión cambia según la marca, pero lo importante es disparar en RAW para que no haya pérdida de datos.

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