Escrito por Raúl Sáez ·
Tomar una fotografía es hacer que la luz que refleja una escena llegue hasta el sensor de la cámara. Y el sensor capta esa luz durante un tiempo determinado.
Si estás haciendo la foto en automático, es la cámara la que decide cuánto tiempo. Y si me haces caso y empiezas a disparar en manual, serás tú quien lo decida.
Esa cantidad de tiempo se llama tiempo de exposición, y el elemento que nos permite controlarlo es el obturador.
La escala de velocidades
Como la fotografía digital imita a la analógica, la escala de velocidades a la que podemos disparar en una réflex digital se guía por la escala de velocidades de siempre:

La última referencia es medio segundo: la mitad de un segundo dejando que la luz entre en la cámara. Y la siguiente referencia de la escala siempre va a ser el doble que la anterior.
Si ya has trasteado con tu réflex, habrás visto que aparecen velocidades que no están en esta tabla. Son referencias intermedias, una mejora que introduce la fotografía digital para poder ser más precisos.
Qué tienes que tener claro
Principalmente esto: cuanto más alto sea el número que escojas, más rápida será la velocidad y menor será el tiempo de exposición. Piensa que son fracciones de segundo, así que cuanto más alta sea la velocidad, durante menos tiempo entrará luz en el sensor.
¿Y esto en qué influye? En que cuanta menos luz le llegue a la cámara, más opciones hay de que tu fotografía se vea oscura.
Comprender esto es lo que te permite jugar con la velocidad en función del efecto que quieras lograr.
Congelar o dejar fluir
Con una velocidad alta (1/1000) puedes congelar el movimiento. Piensa en una fuente o en una cascada: si quieres congelar el agua y ver en detalle las salpicaduras y las gotas, necesitas una velocidad alta.

En cambio, si quieres crear el efecto seda y capturar cómo fluye el agua para que la foto tenga ese toque de irrealidad, tendrás que usar una velocidad baja: 1/4 o incluso menor.

A partir de 1/60, trípode
Para utilizar velocidades bajas, la cámara debe estar montada en un trípode o apoyada en una superficie estable. Si no, nuestra propia respiración y nuestro pulso harán que la fotografía no salga nítida. Lo verás con detalle en el capítulo dedicado al trípode.
Las estelas de los coches
Otro ejemplo clásico de lo que puedes captar con un tiempo de exposición largo son las estelas de los vehículos. Lo que capturas es el recorrido que van haciendo los coches durante todo el tiempo en que la cámara está registrando la escena.
Si además combinas en el encuadre la presencia de edificios u otros objetos inmóviles con la estela que dejan los vehículos, el efecto será aún más llamativo: lo quieto queda perfectamente nítido y lo que se mueve se convierte en una línea de luz.