Fotografía inteligenteCapítulo 5 de 9

Simetría, repetición y grupos de tres

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Simetría y asimetría

Nuestro cerebro está programado para la simetría: nos aporta una sensación agradable, nos parece equilibrada y bonita aunque nosotros mismos no seamos simétricos. Por eso la aplicamos a la composición, buscando equilibrio entre las dos partes de la imagen —izquierda y derecha, o arriba y abajo—.

El riesgo es que, si no la manejas bien, la imagen resulte aburrida por falta de un centro de interés. La solución: buscar ese punto al que dirigir la mirada, servirte de líneas que ayuden a llevarla hasta él, o jugar con la geometría —por ejemplo, la cúpula de una iglesia situada justo en el centro—. Los reflejos también son un recurso clásico para jugar con la simetría.

Composición simétrica con un punto de interés central
Simetría con un punto de interés claro en el centro de la composición.

La repetición de elementos

Aquí entra en juego la percepción: la repetición de elementos ayuda a crear ritmo en la imagen, con una serie de líneas u objetos que se repiten. Para conseguir esa sensación de ritmo hacen falta al menos tres elementos que se repitan, y conviene evitar caer en la monotonía añadiendo algún elemento de interés, como una persona.

Elementos repetidos creando ritmo visual en la imagen
Una serie de elementos repetidos crea ritmo visual en la imagen.

Suele funcionar bien usar un encuadre horizontal y una distancia focal larga para cerrar el encuadre al máximo: así quien vea la foto percibe que la serie continúa más allá de lo que se ve.

Los grupos de tres

Por alguna razón, los números impares funcionan bien en fotografía. Un elemento solo puede resultar solitario; dos, demasiado equilibrado; con cuatro, puedes desviar la atención. Los grupos de tres suelen ser el punto justo para captar mejor la atención de quien mira.

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