Fotografía inteligenteCapítulo 2 de 9

El encuadre y la regla de los tercios

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Cuando abres los ojos tienes posibilidades infinitas, un espacio sin límites. Pero en cuanto te pones detrás de la cámara estás encerrado en un rectángulo, y tienes que decidir qué entra en la imagen y qué se queda fuera.

Eso es el encuadre: la porción de escena que decides capturar. Y ahí entras tú. De todo lo que ves hay algo que te llama más la atención que el resto, y en función de eso la foto cambia por completo.

Vertical u horizontal

Normalmente tienes un motivo principal que quieres destacar y un fondo. En función de eso eliges el formato del encuadre.

Encuadre vertical con el motivo principal destacado sobre el fondo
El formato vertical acompaña la forma del sujeto y recorta lo que sobra a los lados.

Los encuadres verticales se usan habitualmente para retratos: acompañan la forma del cuerpo humano y recortan lo que sobra a los lados. Los horizontales encajan mejor con paisajes y fotos de grupo, donde lo interesante se extiende de lado a lado.

No es una norma cerrada. Un paisaje en vertical puede funcionar muy bien si lo que te interesa es la altura —una cascada, un árbol, un desfiladero—, igual que un retrato horizontal funciona si quieres contar también dónde está esa persona.

Una nota práctica para quien dispara con móvil: la tentación es grabar y fotografiar siempre en vertical porque es como sujetas el teléfono. Gira el móvil cuando la escena lo pida. Es el gesto que más rápido mejora las fotos de viaje.

Marcos dentro de la foto

Puedes usar los objetos de la escena como marco de tu fotografía. Un espejo, una puerta, una ventana, la rama de un árbol o el arco de un soportal sirven para encerrar el motivo principal y dirigir la mirada hacia él.

Es un recurso barato y muy efectivo: añade profundidad, tapa fondos feos y le dice a quien mira la foto exactamente dónde tiene que fijarse.

La regla de los tercios

Si haces fotos con el móvil, probablemente hayas visto unas líneas en la pantalla que dividen la imagen en nueve partes iguales. Puedes activarlas en los ajustes de la cámara, y merece la pena tenerlas siempre puestas.

Son las guías de la regla de los tercios. Y es más sencilla de lo que parece: divides la imagen en tres partes iguales en horizontal y en vertical. Las dos líneas horizontales y las dos verticales se cruzan en cuatro puntos. Esos puntos de intersección son los puntos fuertes de la imagen, y la regla dice que ahí es donde debe ir tu motivo principal.

Persona situada en un punto fuerte del encuadre con el paisaje de fondo
Descentrar al sujeto deja respirar al paisaje y equilibra la imagen.

El ejemplo más claro es la típica foto de vacaciones. Estás en un mirador y colocas a alguien delante, con el paisaje detrás. La tendencia natural es centrar a la persona en la imagen. Pero la foto mejora si la dejas a un lado, sobre uno de los puntos fuertes: la persona sigue siendo la protagonista y el paisaje deja de ser un fondo aplastado detrás de una cabeza.

Si hay más de un punto de interés, lo ideal es repartirlos en diagonal.

Por qué funciona

No siempre vas a poder aplicar la regla de los tercios, y no pasa nada. Pero como norma general, al hacerlo tus fotografías serán más dinámicas, ganarán sensación de profundidad, estarán equilibradas y tendrán más interés.

Y todo por una razón: colocar cada elemento en los puntos clave facilita la lectura de la imagen. Le marcas a la mirada un recorrido en lugar de dejarla suelta.

Practica esto

Activa la cuadrícula de tu cámara o tu móvil y haz veinte fotos hoy sin centrar nunca el motivo. Luego compáralas con las que harías por instinto.

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