En ocasiones el subir una montaña puede parecer algo solitario y aburrido. A veces puede ser una experiencia muy profunda, para volver a conectar con uno mismo en la soledad de esos lugares, mientras se avanza y por supuesto cuando se llega a la cumbre.
Por otra parte, nunca estamos solos, siempre hay compañeros de montaña, sean amigos o desconocidos con los que te cruzas en algún momento.
Imagen tomada a pulso con ISO 100, F8, 1/200 a 50mm.

Yo tanto no llego, pero cuando voy a visitar ruinas que están en alturas y hay que andar un buen rato, son grandes momentos de reflexión, y encuentros con uno mismo…